Mínimo común múltiplo

Hace bastante que no escribo, tengo el blog un poco abandonado. No es por falta de ideas, más bien falta de tiempo. Y cuando saco un hueco, casi es más para escribir sobre opiniones, que para comentar algún artículo o hacer una pequeña revisión.

Es curioso cómo han evolucionado las cosas desde que escribí “Quadrophenia”, hace unos meses. No digo ni mucho menos que lo que he visto haya sido a causa de ese artículo, pero las reacciones posteriores, me han acercado a personas que comparten en gran medida esa forma de ver el mundo de la nutrición.

Recientemente se han publicado dos trabajos que han recibido bastante atención en los medios, comparando el efecto de dietas bajas en grasas frente a dietas bajas en carbohidratos (este  y este). Y de nuevo, ha surgido en algunos foros el eterno debate, entre la visión clásica a favor de las dietas bajas en grasas, y la visión no tan nueva que propone que las dietas bajas en carbohidratos, son más beneficiosas.

En cualquier caso, y sin entrar a comentar nada sobre estos estudios, el debate es interesante. Por fin se está rompiendo poco a poco la pirámide (mode ironic on) y se está empezando a salir del círculo del pensamiento único, junto con otros que ya llevan un tiempo diciendo cosas como esta.

Algo se mueve. Y lo positivo de todo esto, es que ya se empiezan a alzar más voces, diciendo que lo importante no son los porcentajes de macronutrientes, ni las pirámides, ni contar calorías (no digo que no cuenten, sino que una buena dieta ajusta de forma espontánea la saciedad y elimina el tener que andar pesando raciones). Y que no podemos meter en el mismo saco a todas las grasas, ni todos los carbohidratos, ni todas las proteínas.

Lo importante es el tipo de alimentos.

Y una vez de acuerdo en esto, sería muy positivo que buscáramos aquello que nos acerca, más que lo que nos aleja. El mínimo común múltiplo. Independientemente de que queda mucho por saber e investigar, que el diseño clásico de los estudios ha limitado los resultados, y que muchas cosas no están claras, sería positivo que pusiéramos sobre la mesa y comunicáramos adecuadamente aquello sobre lo que estamos de acuerdo.

Hay dudas y controversia sobre algunas cuestiones, que provocan debates a veces acalorados: los lácteos (sobre el que habrá un hangout en breve, en Dietética sin Patrocinadores) el trigo, las carnes rojas, las grasas saturadas, o las insaturadas (sobre todo W6). Pero creo que pocos tendrán duda, de que los alimentos procesados, son algo a evitar en la medida de lo posible: alto contenido en sal, azúcar, harinas refinadas, y en grasas de mala calidad, en muchas ocasiones, aceites vegetales poliinsaturados deteriorados, debido al tratamiento térmico o procesado del producto.

Salvando las dudas que indicaba anteriormente, por el contrario, creo que en general hay una visión positiva de los alimentos no procesados: verduras, frutas, pescado, carnes, huevos o frutos secos.

Y en esto enlazo con una idea que comentaba ayer en Facebook. Recientemente fui a hacer la compra, a un supermercado, y me tocó atravesarlo todo entero, entre estanterías llenas de productos procesados (patatas fritas y derivados, bebidas azucaradas, zumos envasados, bebidas alcohólicas, salsas, conservas, galletas y bollería, derivados lácteos…) para llegar a la zona de la frutería y a comprar media docena de huevos. El consumidor tiene la última palabra, pero  entre la desinformación que recibe cada día en los medios, y lo difícil que se lo pone la industria con la publicidad, y el cambio en los hábitos de compra, es fácil que caiga en el refresco y las patatas fritas, en lugar de buscar unas buenas nueces y un zumo de naranja recién exprimido. Me gustaría saber si ha habido un cambio nutricional importante en nuestro país, desde que a mediados de los años 80, se empezaron a abrir grandes superficies, y se pasó de comprar en el mercado del barrio o del pueblo, a hacerlo en el hipermercado.

Por eso necesitamos mensajes claros, directos, sencillos. Ya lo he dicho muchas veces, conseguir el cambio de hábitos me parece muy difícil, y transmitir a una persona un cambio nutricional, un gran reto. Si a mí me pidieran un único consejo, el que daría sería: evita los alimentos procesados (explicando bien, qué se entiende por procesados). Si tan solo consiguiéramos eso, creo que avanzaríamos mucho, independientemente de los matices que luego tendremos que afinar, y que poco a poco ser irán resolviendo.

Algún día habrá que lanzar una campaña con el eslogan: “Procesados NO”… ahí lo dejo por si alguien se anima.