(des)Información nutricional

La información es poder. Y tanto que lo es. Los medios de comunicación tienen a su disposición los principales canales de difusión (TV, prensa, radio, etc) y juegan un papel fundamental en la creación de opinión en la sociedad. Es algo evidente y en lo que no hace falta extenderse más. Y esto afecta obviamente al ámbito de la salud, y más en concreto, al de los hábitos nutricionales. No solo nos encontramos con la presión de la industria alimentaria, que es especialmente preocupante y perniciosa en el caso de la publicidad dirigida al público infantil, sino que los medios de comunicación, como generadores o difusores de contenidos, tienen una gran responsabilidad en salud pública.

La educación nutricional brilla por su ausencia, en muchos ámbitos. Lógico por una parte, al no estar incluida esta materia de forma transversal en los planes de estudio, desde la educación infantil y primaria. Y por otra, debido a la difusión de mensajes contradictorios, inadecuados, o imprecisos por parte de los medios (cuantas veces nos han comentado que a ver si en nutrición nos aclaramos, que “donde dije digo, digo diego”) a veces, derivados de las incertidumbres en la ciencia de la nutrición.

Efectivamente, la nutrición no es una ciencia exacta. Pero precisamente por eso, hay que ser muy cauto con los mensajes que se difunden, más desde un medio mayoritario, con una audiencia potencial de cientos de miles, si no millones de lectores. Y eso es lo que sucedió el pasado 7 de mayo. En concreto, en un artículo publicado en el periódico ABC, en su versión digital.

Clipboard03 Como se puede ver en la imagen, el titular indicaba Demostrado: comer frutas y verduras aumenta el deseo de ingerir comida basura. A ver, ¿Pero no decíamos que las frutas y verduras eran buenas? ¿No nos decían eso de las 5 al día?.

El crimen comienza, aparte del titular, con la primera en la frente, incluyendo falta gramatical grave (…contra más alimentos sanos se comen, más suele apetecer meterse entre pecho y espalda una buena hamburguesa con queso…) y sigue con una serie de afirmaciones desafortunadas (…un nuevo estudioha corroborado esta creencia popular al descubrir que los alimentos que contienen fructosa (frutas y verduras, principalmente) aumentan en el ser humano el deseo de ingerir alimentos con un elevado aporte calórico… como comida basura).

Bien, independientemente del mosqueo ya con lo del contenido en fructosa de las verduras, uno siente curiosidad y busca el enlace al artículo original… claro… no se incluye. Primer gran error a no cometer en un artículo de divulgación científica, como marca cualquier manual de buenas prácticas que todo periodista debe conocer. Citar siempre la fuente original, y enlazar a ser posible, para aquel que quiera ampliar información o simplemente, contrastarla. Sí que citan en un enlace, a live science de donde parecen haber sacado el contenido del artículo, casi por traducción literal (salvando el añadido de las frutas y verduras, que no aparece por ningún lado ahí, en un giro sensacionalista por parte de ABC).

Avanzamos en el arti-culo (si, has leído bien, por aquello de las posaderas) y nos encontramos con el párrafo que describe el diseño experimental. En resumen, se tomó a 24 individuos, a los que se suministró bebidas con 75g de fructosa o de glucosa (como en un test de tolerancia oral). Y se encontró por distintas técnicas (resonancia magnética nuclear, y test con escalas de preferencia de alimentos) que la bebida de fructosa provocaba menor saciedad y mayor deseo de ingesta de alimentos calóricos.

Llegados a este punto, uno ya tiene que desconfiar totalmente del contenido de esta pieza de desinformación periodística. No solo resulta bastante evidente que no han consultado la fuente original del artículo, sino que han refrito información de otras fuentes, y añadido un toque personal, inventándose datos no referidos en el trabajo original. Porque basta con consultar el artículo científico para ver que en el mismo no se menciona en ninguna parte ni la fruta ni la verdura.

Cualquier persona con una mínima formación en el ámbito nutricional o de la salud, sabe que no se puede comparar la ingesta de 75g de fructosa, con la ingesta de esos mismos 75g de fructosa como fruta (aproximadamente, el contenido en fructosa de cuatro manzanas, como la de la foto que acompaña al pésimo artículo). Claro, todo lo que acompañe a esa fructosa en esas tres manzanas, como fibra soluble, antioxidantes, micronutrientes, etc, da igual, ¿verdad?.

Lo más gordo del asunto es el mensaje que se transmite al lector, que es muy probable que no sepa distinguir lo anterior, y que es el de “fruta y verdura malas”. Si queremos interpretar el estudio y traducirlo a algo práctico para el ciudadano de a pie, ¿no sería más deseable y más correcto afirmar que las bebidas azucaradas, salsas, y demás alimentos procesados con un alto contenido en jarabe de glucosa y fructosa, podrían favorecer el consumo de alimentos hipercalóricos? ¿no podemos ser responsables en el ejercicio de la profesión? ¿acaso hay una mano negra detrás? Porque a veces, cuesta creer que profesionales del periodismo científico puedan cometer tales desmanes.

Por cierto, que servidor y otros compañeros hicimos saber a ABC a través de twitter el descontento con este artículo, sin ninguna respuesta ni rectificación hasta la fecha. Aquí lo dejo, volveré otro día con más arti-culos que han dado que hablar, sobre otros temas similares. Este era muy obvio, no por ello menos grave, pero veremos otros casos algo más sutiles, y que demuestran que no todo es tan sencillo como parece. Y que conste que no es una queja contra todo el periodismo, puesto que hay gente que es capaz de hacerlo muy bien, para muestra un botón.

Este era uno de los temas que iba a presentar en las II #jornadasDSP, aunque finalmente decidí cambiar de tercio. Seguiremos…

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