Por fin. El pasado 25 de junio, hice el último examen del Grado en Nutrición Humana y Dietética, la asignatura de seguridad alimentaria (algo irónico por cierto habiendo trabajado en temas de seguridad hace años; el círculo se cierra).

A pesar de haber acabado y tan solo quedarme defender en breve el TFG, por el momento no me siento muy aliviado. Creo que aun sigo con el estrés post-traumático de estos cuatro años. Ha sido verdaderamente duro compaginar el estudio con el trabajo, la familia, la docencia, y sobrevivir en lo personal.

A pesar de que me metí en esto por vocación tanta presión pasa factura. El pasado año, y sobre todo este último, se han hecho cuesta arriba. Tanto, que estudiar esta última asignatura ha sido un suplicio… esa sensación de que lees pero las letras rebotan y no pasan de la retina. Ha habido momentos de desmotivación y desesperación. De preguntarme para qué. De si todo este esfuerzo merecería la pena.

Al final al menos acabé algo que empecé. En su día, lo intenté con ingeniería informática o musicología pero abandoné. Estoy satisfecho de haber terminado, no ya pensando en si será útil o no sino por haber conseguido mantener la constancia y el objetivo de terminar a curso por año. Y aunque no soy de presumir, uno tiene su prurito y estoy contento de haberlo hecho con un 100% de efectividad: asignatura presentada, asignatura superada, y todas en primera convocatoria.

En estos cuatro he evolucionado en mi forma de ver las cosas. De la ilusión inicial y la visión polarizada de algunos temas, a darme cuenta cada vez más de que no tengo ni idea, de que no se nada, y de lo complejo que es el mundo de la nutrición (en la linea del efecto Dunning-Kruger). De la actividad frenética y las discusiones en las redes sociales a no entrar al trapo. De la desesperación por no tener tiempo para poder dedicarme a estudiar y profundizar en lo temas que me gustaban, a perder el interés en algunos de ellos. Y sobre todo en el último año, de la pérdida de interés y de ilusión en parte, por la nutrición en general.442095093_preview_dunning-kruger-effect
Y esto último se debe a que, sinceramente, creo que la nutrición necesita un cambio de enfoque. Cada vez que sale un estudio de los que se comentan o comparten en redes, o salen en las noticias con titulares muchas veces desafortunados, tengo la suerte de formar parte de una lista informal de correo, donde gente que admiro mucho comparte lo que sabe con novatos como yo.

Esto me ha servido para darme cuenta de que una buena parte de los estudios realmente no permiten sacar las conclusiones que dicen. Vemos como incluso los ensayos clínicos tienen defectos de forma importantes que invalidan o reducen la confianza en sus resultados. Todo esto se suma al exceso de confianza en la epidemiología y que no se pone en valor la plausibilidad biológica. En resumen: cada vez confío menos en la ciencia de la nutrición. Feynman tenía razón.

Esto no significa que haya perdido la ilusión o la vocación de ayudar a los demás a experimentar un cambio como el que yo tuve. Pero es cierto que me desilusiona en parte que aun sigamos dando vueltas a lo mismo. Y que al final, tanto estudio y tanta investigación, te lleva desde mi punto de vista prácticamente al mismo sitio. Para este viaje no hacían falta alforjas.

Aún así creo que queda mucho trabajo por hacer y que realmente si que merece la pena. Y sobre todo que hace falta mucha divulgación. Afortunadamente creo que los profesionales, especialmente los jóvenes DNs han abierto mucho sus miras y no están anclados en los conceptos de la vieja escuela. Pero queda mucho por hacer en educación nutricional, además de clínica e investigación.

Otro tema que desilusiona es la falta de cohesión en la profesión, las peleas internas, los reinos de taifas. Cada vez me apetece menos meterme en política, lo reconozco. Ya no participo en los debates en twitter como antes. Y no entro al trapo. No tengo tiempo ni energías para ello. No significa que no me preocupe la situación de la profesión, e intento cada vez que puedo poner mi granito de arena. Pero prefiero estar en la sombra, lo contrario me supone mucho desgaste.

Ahora necesito parar, descansar. No pensar, y dejar que poco a poco, vuelvan las ganas de hacer cosas. Ver qué me apetece hacer realmente. Salir de la bola de nieve en la que he estado rodando estos años sin frenos y pensar si lo que hago me llena y me gusta, o bien prefiero hacer otra cosa. Tengo alguna idea que tengo que meditar con tranquilidad. Y algún proyecto recién comenzado que me ilusiona y del que estoy muy agradecido por la confianza.

En lo personal, esta aventura de la nutrición me ha traído amistades de las de verdad, conocer personas que merecen la pena y que han tenido muy buenos detalles, y alguna que otra desilusión personal. Caminos que se cruzan, se separan, o van en paralelo, pero que casi siempre suman, aportan y te hacen crecer en lo personal y profesional. A todos, gracias.

Y gracias también a todos los que de una u otra manera me habéis mostrado vuestro apoyo. De verdad que se agradece y ayuda en los peores momentos, y en los mejores. Y gracias también a todos los compañeros de fatiga en la Universidad. Serían muchos para nombrarlos aquí y seguro que me dejaría a alguien, así que prefiero no hacerlo: vosotros sabéis quienes sois.

Ahora ha llegado el momento de:

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