Nutrición desde la barrera.

Los que me vinierais siguiendo en redes, habréis visto que llevo un tiempo bastante ausente. Necesitaba tomar algo de distancia, hacer una pausa y ver las cosas en perspectiva. Un ejercicio que no viene mal de vez en cuando. Gracias a ello estoy siendo consciente de ciertas cosas de las que antes, no era. Y por cuestiones personales que no vienen al caso, han cambiado bastante mis prioridades. Este texto no es más que una reflexión personal, que quiero compartir.

Certezas, pocas.

No hace falta que diga que la nutrición, como otras ciencias de la salud, no es una ciencia exacta. Pero incluso dentro de las primeras, probablemente sea una de las que más incertidumbres tiene asociadas. Ioannidis ha sido uno de los más críticos con la metodología de la investigación en nutrición (video, artículo, artículo). Una excesiva confianza en los resultados de estudios epidemiológicos, atribuyendo causalidad a asociación; el desprecio sistemático de la plausibilidad biológica, cuando esos resultados epidemiológicos van en contra de lo que conocemos de fisiología o de química básica; La falta de sistematización en la estrategia global de la investigación en nutrición; La dificultad, enorme, de organizar ensayos clínicos de suficiente duración y tamaño muestral; Y seguir repitiendo diseños de estudios observacionales que siguen sin dar respuestas y solo generan más preguntas.

Por otra parte, aun en caso donde disponemos de suficientes ensayos clínicos controlados, un volumen de observaciones epidemiológicas adecuado, y con una tendencia clara, y la plausibilidad biológica que apoya la observación, el tamaño de los efectos suele ser pequeño. Aplicando criterios como GRADE, muy escasas intervenciones nutricionales tendrían una recomendación máxima.

Queda mucho por hacer. Viniendo del mundo de las “ciencias exactas” inicialmente me sorprendían todas estas incertidumbres. Pero a la vez, era lo que me parecía atractivo, todo el campo que hay por delante. Aun así, creo que hay que darle una vuelta como bien dice Ioannidis, a los métodos de investigación.

Y relacionado con esto, me sorprende la rotundidad con la que algunos hacen afirmaciones, en relación a la nutrición. Porque la verdad, no me siento capaz de hacerlas. Creo que hay tendencias, indicios, pero no me parece que haya suficiente información como para afirmar ciertas cosas. Luego está, el cómo comunicamos.

La hoguera de las vanidades.

Una de las cosas que mejor me ha venido en estos últimos meses para tomar perspectiva, ha sido dejar de lado las redes sociales. Estuve enganchado a ellas, estuve metido hasta el barro en el sálvame de twitter, con las peleas de bandos, y el “yo aquí he venido a discutir” que parece que reina en esta red social, especialmente. Yo también fui un “escupeabstract” como dice un buen amigo.

Queda claro que las redes desde luego tienen sus ventajas, son un altavoz que permite llegar a mucha gente, y un estupendo medio de comunicación. Está claro que gracias al trabajo de muchos se ha conseguido divulgar mensajes de interés para la población, que pueden haber mejorado su forma de alimentarse. Y a nivel profesional, aún recuerdo cuando al principio en twitter y Facebook, iba conociendo a profesionales, intercambiábamos impresiones, y descubríamos que la paleo no es el demonio, que las denostadas low fat bien pautadas pueden ser una buena estrategia terapéutica, o que las bacterias de nuestro intestino tienen mucho que decir en nuestra salud.

Pero poco a poco la situación fue degenerando. De repente te veías envuelto, sin saber por qué, en una pelea de bandos. Algo de lo que ya hablé aquí en 2013. La cosa, lejos de ir a mejor, ha ido a peor. Las descalificaciones se han convertido en algo habitual, llegando incluso al insulto. De valorar el mensaje, al mensajero, y al ataque ad hominem. Del debate sano, al linchamiento colectivo.

En esto, como en el lejano oeste, los hay que trabajan en solitario, o bien bandas o lobbies. Lo que tienen en común: abanderar una ideología nutricional, intentar acallar cualquier crítica, y pretender llevar siempre razón. Razón que parece estar asociada al número de seguidores, o al apoyo de los palmeros de turno.

Pero el éxito en redes no es más que una ilusión. Ni toda la audiencia se informa por estos canales, ni muchos profesionales que en el día a día hacen un excelente trabajo en nutrición clínica, deportiva o en investigación, las usan para darse a conocer o divulgar. Valorar el éxito solo por ello, es un pobre reflejo. No hay más que rascar un poco debajo y ver que no es oro todo lo que reluce. Y recordar que el mundo de la fama es cíclico: uno acaba pasando de moda.

Vacas sagradas.

De aquí, al fenómeno de los influencer en nutrición. Apariciones en prensa, medios, libros… subiendo como la espuma. Profesionales que poco menos que parece que todo lo que dicen, va a misa. Sin restar méritos, que los hay, en ocasiones (algunos de ellos casi siempre) parecen haber derivado en el despotismo más absoluto. Han olvidado el sano debate en el que participaban cuando aún apenas eran conocidos.

Por no hablar, aparte de la ya mencionada presunción de veracidad, de la supuesta pureza espiritual como si no tuvieran también sus conflictos de intereses. Todos los tenemos, todos, yo el primero. Bien sean ideológicos, o económicos. Encontrar a una “vendelibros” que desprecia a otro profesional públicamente llamándole “vendepastillas” me resulta poco menos que contradictorio. Yo creía que eso de reconocer los conflictos de intereses era para todos, no para unos si, y otros no. La ley del embudo en su máxima expresión.

No hay vacas sagradas, no hay personas infalibles, y menos aún, en algo con tantas incertidumbres como la nutrición.  Creo que es algo de lo que los profesionales ya se van dando cuenta, si bien para el público es algo más complicado. En cualquier caso, desconfía de quien te diga que tal o cual forma de alimentarte es la mejor para todo el mundo, en todas las situaciones. Nada más lejos de la realidad. Son tantas las variables personales y socioeconómicas que pueden afectar al estado de salud, que pensar que el veganismo, la dieta mediterránea o la paleo, son la solución a todos los problemas de salud, es una simplificación absurda. Eso es algo que cualquiera que haya tratado pacientes, sabe.

Como tampoco es sencilla la cuestión de la sostenibilidad. No es mi campo, motivo por el que no me atrevería a hacer afirmaciones rotundas. Más todavía, porque tras haber coordinado la publicación de una revista sobre medioambiente cerca de 10 años, de lo poco que aprendí es que los modelos de huella ecológica, al igual que los de cambio climático, son muy complejos. Y son muchos los parámetros que pueden cambiar el resultado. No sé cuál es la respuesta, pero desde luego que el veganismo tampoco es la solución a todos los problemas de sostenibilidad. Al igual que no lo es por supuesto, seguir como hasta ahora sin hacer nada.

Teléfono de aludidos.

Puede que todo lo anterior haya parecido un poco ácido y un ataque para algunos. Para nada va dirigido a nadie en particular, aunque obviamente, todas las cosas que comento las he visto en algunos a veces puntualmente, otras de forma continuada. No es mi intención ofender a nadie, y como he mencionado, el trabajo de divulgación que se está haciendo puede estar ayudando a muchas personas. Lo que critico no son personas, sino actitudes. La crítica destructiva, el corporativismo mal entendido (por unos y por otros…) y, sobre todo, la prepotencia. Creo que no estoy solo en este sentir, por comentarios con más personas a este respecto.

Si alguien se ha ofendido, lo lamento. Pero es lo que pienso y la verdad, a estas alturas, ya me da un poco igual lo que piensen de mí. Ni hay teléfono de aludidos, ni habrá respuesta a nadie sobre este texto, en redes.

Salud.

3 comentarios sobre “Nutrición desde la barrera.

  1. Pues tomar distancia es necesario. Pienso exactamente cómo tú. Te voy a poner mi ejemplo. Soy nutricionista, ahora no trabajo en esto por mi cambio de vida a Canadá, y desde hace casi 3 años estoy enferma. No se exactamente de qué, porque el diagnóstico fue sensibilidad al gluten no celiaca, pero fue no decirme nada porque sólo quitando el gluten no funcionó como puedes imaginar.
    Esto me hizo darme cuenta de que con la nutrición que sabía, en realidad no sabía nada, que no se puede aplicar todo lo que sabes a todo el mundo. Que según el estado de salud de cada persona, hay que aplicar y seleccionar, aquel tipo de nutrición que mejor le vaya, sin fijarte en modas ni presunciones. Hay algo que se nos escapa a la hora de comunicar nutrición. No vale todo ni para todos, y este principito tan sencillo, que por cierto, recuerdo que si que se habla irónicamente de nutrición personalizada en la carretera, creo que hace más daño que bien al final, porque solo crea caciques entre tanto los que saben (o creen saber, y los ávidos de información que se lo toman todo como algo sagrado e información infalible).
    En fin, no me enrollo más. No sabemos casi nada está claro, Leto a la hora de recomendar y recomendar bien, todavía menos, porque nos falta eso tan importante que es el saber escuchar aunque parezca mentira, y sobre todo estar realmente abierto a aplicar las diferentes estrategias de tratar a un paciente: solo dieta adelgazamiento? Solo ayuda con su tiroides? Solo ganar músculo? Porque detrás hay gente que busca un objetivo partiendo desde muy diversos lugares y ahí fallamos cuando generalizamos, por tanto, es posible la divulgación en nutrición?. Pues yo hoy por hoy lo dudo, al menos para el que no sabe recoger el todo y hacer su propio puzzle. E incluso así, hay ensayo y error.
    Podría seguir hilando este hilo. Te sigo precisamente porque me gusta que te paras a preguntarte por dónde vas, cosa que no veo en general en estos temas nutricionales.

    Saludos,

    Laura.

  2. Muchas gracias por este post, me ha encantado. Creo que, cada vez, más pensamos de forma similar. O es lo que muchos acabamos hablando cuando nos reunimos con otros nutris (fuera de redes, con un café y mirándonos a la cara). Un abrazo.

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